Guadalmazán presenta El hombre biónico de Javier Serrano
“Lo que está en el anteproyecto del hombre biónico es una variante adaptativa de la especie, forzada por la mano del hombre y su tecnología”
El hombre biónico ha llegado para quedarse, tendrá dispositivos incorporados como una extensión más de su cuerpo, poseerá implantes para comunicarse con su entorno, interaccionar con una realidad física extendida, con otros seres vivos o ampliar las capacidades de sus sentidos.
05/06/2015

¿Qué sucederá con los puestos de trabajo en la época de las máquinas todopoderosas? ¿Qué podremos hacer mejor que las máquinas? ¿Dejaremos el cuidado de la salud en manos de médicos-máquinas con dedos calefactados? ¿Renunciaremos a viajar para disfrutar del ocio en parques virtuales desde el sofá de nuestras casas? ¿Cuántas vidas virtuales podremos disfrutar y cuán reales serán? ¿Serán estas vidas virtuales el final de la raza humana? ¿Se acabarán los derechos de los ciudadanos en un mundo sin privacidad o con nuevas formas de propiedad privada? 

¿Renunciaremos a las leyes y las normas que no sean de aplicación posible en la aldea global? ¿Habrá golpistas y tiranos virtuales? ¿Qué comeremos el día de mañana? ¿Cómo nos divertiremos? ¿Acabaremos aburridos de vivir eternamente y no envejecer más que por dejadez o descuido? ¿Será Internet el gran sistema nervioso que conectará a seres vivos y cosas, en un organismo estrambótico? ¿Cómo será el hombre del futuro? ...¿Te atreves a desafiar la imaginación y viajar hacia la sociedad del futuro?

Pues si te aventuras a realizar este viaje, Javier Serrano, te facilitará el billete de ida. Solo tendrás que adentrarte en la lectura del ensayo que acaba de publicar con la editorial Guadalmazán, El hombre biónico, una reflexión atrevida y osada sobre cómo será la sociedad del futuro.

Y es que “se acabó el tiempo de la ciencia y la tecnología de adolescencia consentida” —la que nos permitía concebir y dar vida a todo tipo de juguetes tecnológicos, prepararlos para que supiesen jugar al ajedrez y ganar a los mejores campeones humanos—, comenta su autor. Es el tiempo de las máquinas adultas, autómatas que nacerán sabiendo lo que han de hacer porque lo aprenderán en un instante utilizando su propia experiencia.

El desarrollo científico-tecnológico en el siglo XXI conllevará un cambio de paradigma de convivencia mil veces anunciado, tanto desde la ciencia ficción como desde el mundo académico, del que hemos reflexionado poco o nada, a pesar de que nos va nuestro modelo de bienestar y la propia supervivencia en ello. El futuro que se puede imaginar se puede intentar controlar, del resto nos tendremos que hacer cargo cuando suceda.

“En apenas unas generaciones se habrá pasado de sociedades donde el individuo cumplía con una rutina casi ancestral en buena parte de sus actividades cotidianas, a un entorno en el que todo parece hacerse de un modo diferente al de sus padres, en el que nada parece posible para sus abuelos, y donde mantenerse al día será difícil incluso para los más avezados individuos de las generaciones futuras”, afirma Serrano. El futuro ya no va a llegar día a día sino siglo a siglo.

Los nuevos aspectos de la realidad nos permitirán no sólo contemplar e involucrarnos en entornos que estaban reservados a otros seres vivos –la vida microscópica, la nanorealidad, el ¨lenguaje¨ de los animales y las plantas, etc.- sino generar planos de existencia que se superpondrán como universos paralelos. Nuestros sentidos avanzados, gracias a la incorporación de tecnología, nos servirán de agujeros de gusano para transitarlos

Los dispositivos biónicos serán sistemas autónomos a todos los efectos, una parte más de nuestro cuerpo como los huesos o las uñas. Incluso podrían acabar recibiendo su energía de los alimentos que ingerimos, como si fueran células de nuestro organismo. En el tiempo del hombre biónico, el nuevo delito podría ser la «exhibición pública de la degradación biológica», la excusa para la categorización social como persona de inferior categoría: la casta de los «intocables individuos envejecidos». La competición entre hombres biónicos podría servir, además, para probar y dar a conocer los últimos avances que un día pasarían a ser el «prêt-à-porter» del ciudadano biónico en las calles de las ciudades del mundo.

¿Acabarán disponiendo los autómatas de toda la plusvalía del trabajo a su libre albedrío? ¿Viviremos rodeados de asistentes virtuales, médicos-máquina, enfermeros-robots? ¿Habrá dolencias y enfermedades causadas por la vida virtual? ¿Será el mundo virtual más real que el mundo real, más complejo y más placentero? ¿Será el hombre biónico la adaptación ¨natural¨ de la especie a la sociedad tecnológica? ¿Será este hombre biónico hombre al fin y al cabo, o un humanoide con alguna parte blanda postrera, como nuestro apéndice inservible?

“Nada está escrito pero todo se va escribiendo día a día, así que es el momento de empezar a unir puntos para atisbar el futuro que se acerca a toda velocidad. Mejor aún, es el momento de mover esos puntos a discreción hasta que puedan conformar la imagen de una sociedad donde nos gustaría vivir, nuestro Shangri-La. De lo contrario, habremos de adaptarnos a la fuerza a la sociedad que se construyó sin nosotros, y no hay garantía de que sea habitable para la especie. Seguro que tampoco sería justa, equilibrada, pacífica, ni siquiera divertida, pues el azar suele ser un tirano aburrido, que acaba presentando el mismo número de caras y cruces”, comenta el autor.

El futuro ya no es lo que era. El progreso acelerado transformará una parte sustancial del mañana en presente continuo. El impacto en la vida en sociedad será tan amplio que viviremos un cambio total de paradigma. A las puertas de ese tsunami seguimos tumbados sosegadamente en la arena, sin darle más importancia a ese frente de playa que parece retirarse mar adentro. ¿Para qué preocuparse? Quizás todavía estamos a tiempo de retirarnos a las montañas y poner a salvo algunas cosas esenciales. ¿Te atreves a desafiar la imaginación y viajar hacia la sociedad que viene, o que se nos viene encima?

Aunque soñó con ser secuestrado por extraterrestres y comunicó a su familia que quería ser astronauta, Javier Serrano (Zaragoza, 1970) acabó encontrando su escotilla para mirar asombrado, aquella que permite vislumbrar el futuro de la sociedad tecnológica donde pronto viviremos. Y no, no tuvo que publicar un anuncio para comprar un cohete de segunda mano como le sugerían sus amigos. Su entusiasmo por desmontar y descubrir cómo funcionaban las cosas le convirtió en doctor en ingeniería, y la necesidad de que todo funcionase de nuevo, en especialista en proyectos complejos.

De este modo, se dejó enredar en algunos de los retos tecnológicos más ambiciosos del siglo XXI, como el telescopio más grande del mundo, por el que no se han visto alienígenas, y un lanzador espacial, en el que no hubo modo de subirse. Ahora persigue una fuente de energía inagotable. Su temprana pasión por la ciencia ficción le hizo pensar que el mundo pronto se parecería al de sus historias. Mientras espera su mochila voladora, como tantos otros, se apasiona con la divulgación de los retos y la discusión de las opciones que plantea el progreso, sobre todo esas que todavía parecen imposibles.




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